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Ángel Sebastián Viera


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Hugo Illera
Ha terminado semejante faena del Junior de Barranquilla (DT Comesaña). Derrumbar la pared elevada por el Cali (DT Cárdenas) en el Metro definiendo avanzar a octavos en Copa Suramericana. El partido en los 90 minutos ha quedado igualado 1x1. Se viene la tanda de los lanzamientos desde el punto penal. La feligresía rojiblanca invoca “Ángel de mi guarda…”. La paridera ha sido colectiva. Junior en plan de ataque. Cali en plan de defender. El equipo caleño estuvo arriba en el marcador con gol de Sambueza (30 PT). Junior empató con anotación de Ovelar de tiro penal (09 ST). Hasta Julio Comesaña está cansado de la paridera. El técnico rojiblanco habla con sus jugadores, recuerda cosas, pregunta pateadores y decide: Jarlan, Chará, Pico, Escalante, Teófilo. Cárdenas ha decidido también: Pérez, Amaya, Giraldo, Orejuela y Moiraghi. El árbitro conversa con los arqueros Viera del Junior y Jérez del Cali. Porteros internacionales. Jugadores de selecciones de Uruguay y Guatemala. “Ángel de mi guarda…”.

Jarlan gol. Pérez gol. Chará gol. Amaya y el Ángel de la guardia aparece. Mete el pie izquierdo y el balón pega en el larguero. La feligresía rojiblanca estalla mientras Viera lanza su puño derecho al aire. Arrancamos los misterios gozosos. Amaya se lleva sus manos a la cabeza. La desazón es evidente. Pico remata al palo derecho y Jerez le adivina. Pasamos, de un sopetón, a los misterios dolorosos. Jerez grita vamos, vamooos. El problema vuelve a la decisión del Ángel de mi guarda. Giraldo gol. Desempate 2x2. Léiner gol, zurda, al centro. Jérez es el ángel caído. Orejuela lo bota, se adornó demasiado. La feligresía se alborota. Teófilo toma el balón y los gritos se oyen en toda la ciudad. Patea Teófilo y Jerez de ángel caído a ángel volador. Se tira sobre el palo derecho y tapa el balón. De todas formas arriba Junior 3x2. Moiraghi toma la pelota y se demora. Viera lo mira fijamente. En la tribuna la feligresía arrecia Ángel de mi guarda, mi dulce compañía. Patea Moiraghi con pierna izquierda, fuerte, al centro. Viera no se mueve. Se queda quieto y tapa con las dos manos. El alborozo es ensordecedor. ¡Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día!

Viera corre, se abraza con Chará, con Teófilo, con Jarlan, con Léiner, con Pico, con todos sus compañeros como para la eternidad. El estadio canta mil canciones. Teófilo carga a Viera y lo lleva a la tribuna. Esta noche el Ángel de mi guarda estuvo en el Metro vestido de arquero…



Les envío un abrazo.
hugoillera@diario-deportes.com
Agosto 3, 2017

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