Header Ads

Esa Camiseta Rojiblanca


Pelotas y Letras Por Hugo Illera


Es reconfortante que el fútbol nos muestre esa cara y ese sentimiento que algunos insisten en profanar o en el peor de los casos destruir. En los últimos dos días el balompié nos trajo instantes que nos hace pensar que, a pesar de todo, es uno de los más genuinos sentimientos del ser humano. La eliminación del Barcelona, los goles de Cristiano, los pases de Dani Alves, los estadios llenos. El último fue muy fuerte. Ver y escuchar a la hinchada del Atlético de Madrid acompañar a su equipo a intentar hacer el milagro de voltear un 3x0 frente al Real Madrid fue algo prodigioso. Ancianos, jóvenes y niños enfundados en su camiseta rojiblanca, con balacas y bufandas con los colores y el escudo y esos cánticos de apoyo horas antes, en los noventa minutos, y después del partido me trajo el dulce recuerdo del Romelio Martínez y del Roberto Meléndez cuando el buen Dios del fútbol nos dio la felicidad de tener verdaderos equipos.

Los jugadores del Atlético, millonarios en euros y divos en su medio, fueron electrizados por esas voces salidas de las gargantas y los aplausos de las manos de cincuenta y cinco mil hinchas y corrieron como niños de barrios jugándose el partido de sus vidas.

En el fútbol no entran los millones, ni los carros lujosos, ni la vanidad. Solo futbolistas sin más armas que su camiseta, su pantaloneta, sus medias, sus botines, su ingenio y sus ganas.

Por eso, al terminar el juego, en que no pudieron remontar el 3x0 pero ganaron 2x1, el público siguió cantando el himno, aplaudiendo, coreando el nombre de cada jugador obligándolos a regresar al ruedo como los toreros en buena tarde y, en medio de ello, el DT Simeone con sus manos rojas e hinchadas aplaudiendo a sus jugadores. Era la despedida al Estadio Vicente Calderón y a un plantel que respetó y luchó por su camiseta, por sus colores y por su hinchada.

La vida me ha enseñado que el hombre comienza a perder el rumbo cuando se olvida del niño que lleva por dentro y cuando olvida, también, las promesas que de niño hizo y, en los últimos tiempos por historias que he conocido de primera mano, y que me llenan de frustración, he sentido la sensación que el fútbol no tiene nada que ver con que una persona sea buena o mala. Que sea taimada e hipócrita. Que sea destructora de lo que le da el pan de cada día para vivir como reyes y sustentar a su familia.

El fútbol es uno de esos sentimientos fuertes que une a las personas de toda condición luego el que haya buenas y malas personas, serias o torcidas, sinceras o hipócritas, no tiene nada ver con él. Tiene que ver sí, con el alma humana. La buena y la mala. Con el revanchismo, con en endiosamiento, con creerse el ombligo del mundo.

Hay jugadores de regular condición que son buenas personas. Y hay de muy buena condición que son malas personas. Esos son los peligrosos…

 

Les mando un abrazo rojiblanco.
hugoillera@diario-deportes.com
Mayo 10, 2017

 

No hay comentarios.

No Te Olvides de Comentar!

Con tecnología de Blogger.